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Mitos y Realidad

    MITO 1: Beber alcohol es bueno para el corazón y previene las enfermedades cardiovasculares.
    REALIDAD: Aunque algunas investigaciones han demostrado que en adultos, sobre todo varones, el consumo moderado de alcohol puede reducir el riesgo de padecer algunas dolencias coronarias, cuando el consumo aumenta lo hace también (de forma muy pronunciada) el riesgo de sufrir alguna de estas dolencias.

    MITO 2: Tomar unas copas facilita mantener relaciones sexuales.
    REALIDAD: Aunque fomenta la desinhibición, el consumo abusivo de bebidas alcohólicas, lejos de favorecer las relaciones sexuales, muchas veces las dificulta o incluso las impide, provocando impotencia en el varón y otras disfunciones asociadas.

    MITO 3: Las bebidas alcohólicas son buenas para entrar en calor.
    REALIDAD: Aunque el alcohol produce una sensación momentánea de calor, en poco tiempo la temperatura interior del cuerpo disminuye y se siente más frío. Por ello, en caso de embriaguez hay que abrigar al afectado y nunca darle duchas frías.

    MITO 4: Una copa ayuda a superar el cansancio y a estar más animado.
    REALIDAD: Tras una sensación de bienestar pasajera, el consumo abusivo de alcohol lleva al sujeto al extremo opuesto, así que si está triste o deprimido empeorará su situación. También causa una mayor fatiga física y pérdida de fuerza.

    MITO 1: Las relaciones sexuales son mejores bajo los efectos de la cocaína.
    REALIDAD: El consumo de cocaína de forma continuada no sólo disminuye el deseo sexual, sino que también provoca problemas de erección y eyaculación en los varones, pudiendo llegar a ser motivo de impotencia e infertilidad.

    MITO 2: La ‘nieve’ es una sustancia fácil de controlar.
    REALIDAD: En realidad, la cocaína tiene un elevado poder adictivo. Tras empezar tomándola sólo en fin de semana, muchos acaban desarrollando dependencia.

    MITO 3: La cocaína ‘da marcha’ y ayuda a sobrellevar las noches de juerga.
    REALIDAD: Aunque es cierto que la cocaína tiene un efecto estimulante, éste es pasajero y precede a un bajón intenso que causa decaimiento, cansancio y depresión. Lejos de favorecer la sociabilidad, su consumo abusivo provoca irritabilidad.

    MITO 4: No pasa nada por meterse unas ‘rayas’ los fines de semana.
    REALIDAD: Tomar cocaína sólo en los fines de semana y vacaciones supone un consumo de unos 100 días al año y conlleva un riesgo evidente de dependencia a largo plazo, sin olvidar que los efectos pueden dejarse sentir a lo largo de la semana.
    MITO 1: No es malo fumar cannabis de vez en cuando; al fin y al cabo tiene efectos terapéuticos
    REALIDAD: El cannabis se utiliza en medicina en casos muy concretos y de forma muy controlada, en unas condiciones que no tienen nada que ver con las de su uso recreativo. Según argumenta el Plan Nacional sobre Drogas, existen también fármacos derivados del opio “y nadie piensa que sea sano consumir heroína”.

    MITO 2: Fumar porros es más saludable que consumir cigarrillos.
    REALIDAD: El cannabis no sólo tiene muchos de los carcinógenos del tabaco, sino que están presentes en mayor proporción. La costumbre de fumar porros sin filtro y con aspiraciones profundas incrementa además el riesgo de cáncer.

    MITO 3: Si el cannabis se legalizara, se consumiría mucho menos.
    REALIDAD: Las drogas de mayor consumo son el alcohol y el tabaco, y ambas son legales. Según el Plan Nacional sobre Drogas, más que la prohibición, lo que influye en el consumo es la facilidad para conseguir una droga y su aceptación social.

    MITO 1: La contaminación atmosférica es más peligrosa que el tabaco.
    REALIDAD: Al margen de los efectos nocivos de las emisiones a la atmósfera fruto del tráfico y la actividad industrial, el tabaco está presente en un tercio de todos los cánceres diagnosticados, por lo que hay que tener en cuenta sus riesgos.

    MITO 2: Fumarse un cigarrillo relaja y ayuda a aliviar el estrés.
    REALIDAD: El tabaco es un estimulante, por lo que difícilmente puede tener propiedades relajantes. Por ello, la sensación de alivio del fumador tras un periodo prolongado sin llevarse un cigarro a la boca se debe a la superación de los síntomas de abstinencia.

    MITO 1: Dejar la heroína es prácticamente imposible para el adicto.
    REALIDAD: En la actualidad existen varios tratamientos para superar la adicción a esta droga que resultan efectivos y pueden conseguir la suspensión del consumo de heroína en pocos meses, aunque después es necesario recuperar las zonas del cerebro dañadas.

    MITO 2: La heroína no es peligrosa si no está adulterada.
    REALIDAD: Las sustancias que se emplean para adulterar este opiáceo, como la quinina, la lactosa, el almidón o incluso la estricnina, provocan importantes problemas de salud. Sin embargo, la heroína en sí misma conlleva importantes riesgos de sufrir enfermedades cardiacas, hepáticas, renales y respiratorias.

    MITO 3: El ‘caballo’, cuando se fuma, se puede controlar mejor.
    REALIDAD: La heroína provoca una fuerte dependencia, al margen de cómo se administra. Muchos se inician con esta droga fumándola, al pensar que así no crea adicción, pero al final acaban recurriendo a la inyección para obtener resultados más intensos.

    MITO 1: El ‘cristal’ es un éxtasis de lujo que destaca por su elevada pureza.
    REALIDAD: La sustancia llamada ‘cristal’, que llegó a España hace pocos años, no es siempre más pura que los comprimidos clásicos de éxtasis debido a que su forma de presentación en polvo hace más fácil que pueda ser adulterada por los traficantes.

    MITO 2: Las ‘pastillas’ no son peligrosas si se toman sólo en fin de semana.
    REALIDAD: Algunos de los efectos nocivos de las drogas de síntesis, como el golpe de calor, aparecen independientemente del tiempo que se lleven consumiendo. Además, los efectos del consumo de fin de semana se prolongan durante varios días más.

    MITO 3: Las drogas de síntesis no provocan problemas de dependencia.
    REALIDAD: Al igual que ocurre con el resto de estupefacientes, las drogas de síntesis, un amplio grupo de sustancias que se pueden presentar en forma de comprimido, polvo o líquido, presentan riesgo de dependencia emocional, psicológica y social.